"El fundamentalismo geométrico es definido como la apropiación indebida de formas geométricamente simples como una tipología esencial para el ambiente construido. Esto influencia no solo a un nivel de gran escala, sino que determina los detalles de nuestro ambiente de todos los días en un grado increíble. Los rascacielos enormes, sin siquiera tomar en cuenta su forma, son una expresión de fundamentalismo geométrico debido a su escala inhumana".

El siguiente es un extracto del capítulo “9: Fundamentalismo geométrico” del libro Una teoría de la arquitectura” (2006), por Nikos A. Salingaros y Michael W. Mehaffy. El libro explica las teorías desarrolladas por el matemático y arquitecto Nikos Salingaros -basándose en la tradición arquitectónica y utilizando las más avanzadas teorías científicas- sobre porqué y cómo construir edificios adaptados a las necesidades del ser humano por medio del entendimiento de la estructura subyacente de los elementos “con vida”; en oposición a la caprichosa y alienante arquitectura contemporánea.

Fundamentalismo geométrico

Los profesionales de la arquitectura y el urbanismo del siglo XX han adoptado una filosofía de diseño en cuanto a las formas geométricas, que puede ser vista como dogmática. Los diseñadores post-industriales aplicaron a propósito abstracciones geométricas al ambiente construido, las cuales han eliminado efectivamente las antiguas tradiciones de diseño y construcción, y con ellas la red vital de cultura urbana en la sociedad. La introducción de tales abstracciones a principio de siglo veinte tuvo consecuencias catastróficas para el tejido urbano de nuestras ciudades, y para las cualidades humanas de los edificios. Por medio de la identificación de la esencia matemática de aquellas creencias, es posible comprender la extensión del daño hecho, y sentar las bases para una mejor arquitectura en el futuro.

El fundamentalismo geométrico es definido como la apropiación indebida de formas geométricamente simples como una tipología esencial para el ambiente construido. Esto influencia no solo a un nivel de gran escala (por ejemplo en el trazado de una trama urbana y los volúmenes generales construidos), sino que determina los detalles de nuestro ambiente de todos los días en un grado increíble. Los rascacielos enormes, sin siquiera tomar en cuenta su forma, son una expresión de fundamentalismo geométrico debido a su escala inhumana. Esto es muy problemático debido a que por lo general se elimina las escalas más pequeñas.

Sostenemos que el orden y la belleza añadidos a la sobre-simplificación geométrica es de una naturaleza artificial y aislante, y genera una forma de alienación ambiental para nuestras comunidades. La gente común intuitivamente percibe la arquitectura y el urbanismo contemporáneo como desconectado y opuesto a los valores tradicionales humanos que ellos consideran sagrados. En el mundo industrializado, la degradación del núcleo de las ciudades generó una oportunidad para reemplazar la trama urbana tradicional por bloques geométricos abstractos (es decir, modernistas). Como reacción a esta destrucción de la trama urbana se produce: introversión, estilos de vida antisociales, y el posterior retiro hacia los suburbios. En el mundo en desarrollo, esto conlleva a un ferviente resentimiento (cuya causa no es necesariamente detectada) en contra de los países que son vistos como líderes de este proceso destructivo, lo cual puede ser percibido como un asalto hacia las culturas tradicionales de parte de las naciones industrializadas.

Los volúmenes más simples son la esfera, cilindro, cono, pirámide, cubo, mientras que la losa rectangular o la columna cuadrada son preferidas para los rascacielos. Frecuentemente escuchamos a tales estructuras definidas como “esculturales”, lo cual es erróneo. Los diseñadores de principio del siglo XX, en su búsqueda de una forma de la “era de la máquina”, copiaron las formas puras y lisas de las máquinas, las cuales eran a su vez la expresión de una estética pura y lisa muy popular en ciertos círculos en ese momento. Esto a su vez influenció a más formas industriales, las cuales después alimentaron el diseño arquitectónico, y así. Una retroalimentación auto-referente entre el diseño industrial, la arquitectura y el arte liga la “estética de la máquina” de los años 20 a las formas modernistas. Esto tiene poco que ver con la escultura como fuente de emociones humanas positivas, lo cual aplica solo a esculturas que ya satisfacen esta estética. Edificios que imitan a volúmenes básicos pueden ser considerados como “esculturas” solo dentro de la estética acotada que ellos mismos definen.

Por otra parte, las esculturas son estructuras de las bellas artes que son creadas para llegar a un observador. Esta concepción de la forma vista o “percibida” es solo un aspecto de la arquitectura, pero un aspecto que ha llegado a tener un control completo sobre la creación de edificios. La premisa de la arquitectura como un recipiente de vida, que se acomode a las necesidades de los seres humanos para que conecten unos con otros y con la naturaleza en un patrón complejo, está profundamente perdida entre esta esteticización de ideas utilitarias. Filósofos y sicólogos indican que nuestra experiencia del ambiente construido depende de la interacción con aspectos de la vida más profundos que los que podemos notar solo con la experiencia consciente. Aun así la arquitectura en nuestro tiempo está reducida a una especie de escultura minimalista gigante en la cual los seres humanos deben vivir involuntariamente.

La calidad de las superficies impacta profundamente en la forma en que las personas perciben e interactúan con los edificios y el ambiente urbano. Una obsesión por las geometrías puras y lisas nos separa abruptamente del entorno haciéndonos imposible conectar con él por medio de nuestros sentidos. De esta manera el significado es sustraído del ambiente construido por medio de la eliminación de información codificada en el diseño de superficies, el cuál históricamente ha servido para conectar al individuo con las estructuras por medio de asociación mental. Uno de los principales medios por el cual los seres humanos se relacionan a su mundo es eliminado.

Competencia religiosa

Estas prácticas representan una competencia a muchas religiones, por medio de la negación de su expresión arquitectónica (no solo en edificios religiosos, sino denegando la complejidad organizada en todo el entorno construido). Estas se oponen al principio básico para conectar al individuo al universo- por lo tanto a dios- a través del color, diseño, escultura y caligrafía. El fundamentalismo geométrico niega las conexiones sensoriales. Con su insistencia en las superficies homogéneas que muestran la menor cantidad de información, cuestiona la eterna validez de obras maestras arquitectónicas que también son poderosos símbolos de fe. Por ejemplo, templos, mezquitas e iglesias que entregan un significado por medio de esculturas poli-cromáticas, patrones de cerámicas, relieves, frescos y mosaicos son todos rechazados. En palabras de Le Corbusier: “La decoración es solo de un nivel sensorial y elemental, así como el color, y le acomoda a razas simples, campesinos y salvajes” (Le Corbusier, 1927: página 143). El parecía no saber que los edificios de la Acrópolis de Atenas, a los cuales profesaba profunda admiración, estaban originalmente pintados con contrastantes y brillantes colores.

El fundamentalismo geométrico también prohíbe la utilización de la palabra de dios (y su nombre) en entornos arquitectónicos. La caligrafía islámica clásica constituye una forma importante de arte que siempre ha jugado un rol central en la arquitectura. La escritura arábica, con sus ricas variaciones en cada trazo, se presta aún más que las letras latinas o griegas para  la conectividad visual por medio del uso de escalas internas. La información almacenada de la caligrafía ornamental islámica sobre superficies arquitectónicas escapa al entendimiento de la mayoría de los no-musulmanes. Las personas que entienden el lenguaje y respetan su contenido conectan inmediatamente al edificio a través de los mensajes del texto, el cual establece una conexión emocional profunda con el individuo. Aquellos que no pueden leer el texto solo pueden imaginar el poderoso significado que proyecta en una estructura construida. Todos podemos ver el increíble grado en el que la caligrafía adquiere significado, solo en términos de diseño. Esto también es cierto para la caligrafía china y japonesa.

Ya por el hecho de que el fundamentalismo geométrico compite de lleno con las expresiones religiosas a través de estructuras construidas y el contenido de información de las superficies, se le podría calificar como una especie de movimiento religioso. Definitivamente posee sus propios preceptos morales, por ejemplo admite libremente que el brutalismo (el uso de superficies de cemento en bruto) está fundamentado en conceptos más éticos que estéticos. Su dogma insiste en que la arquitectura “honesta” no debería ocultar su estructura: sin embargo la “honestidad” arquitectónica nunca es definida, y tampoco las razones de porque el brutalismo tiene algún valor. En vez de eso, se nos ofrecen argumentos en términos de otras partes del dogma. Incluso los primeros modernistas, quienes eran sinceros en sus intentos de mejorar a la sociedad a través de una nueva arquitectura, no notaron las consecuencias negativas.

Las culturas tradicionales tienen un sentido religioso mucho más fuerte que las actuales naciones industrializadas, y están aterradas por la idolatría implícita en el fundamentalismo geométrico. Los arquitectos contemporáneos adoran sus abstracciones geométricas, y están listos para defenderlas con sus vidas profesionales (en su intento de compartir su visión, ellos imponen estos ideales sobre los ocupantes de estos edificios). Aun cuando este tema casi nunca se discute, el apoyo casi fanático de los arquitectos a las abstracciones geométricas representa una creencia en algo mucho más allá que el simple estilo arquitectónico. Las personas no-arquitectas podrían pensar que esto es simplemente un asunto de métodos eficientes de construcción, la presión de una nueva economía, o la manifestación de un nuevo gusto en la población global; la verdad está más cerca de una competencia por la sobrevivencia entre creencias básicas. La religión es proyectada en forma del ambiente construido a través de complejidad organizada, pero el fundamentalismo geométrico no permite ninguna expresión más que la propia.

El historiador de la arquitectura británico James M.Richards traiciona las aspiraciones religiosas de los primeros modernistas a través de sus palabras: “el evangelio que los Nazis trataron de eliminar ahora tiene profetas en ambos lados del Atlántico, y Estados Unidos repentinamente se convirtió en un lugar con una notable energía arquitectónica”. (Norwich, 1987: página 233). Criticando injustamente a los arquitectos italianos de post-guerra, el compara la preocupación social en la que todas las religiones (ya sean genuinas o falsas) basan su atractivo, con una intolerancia con la deserción que caracteriza a los cultos fanáticos y a las peores eras de la religión organizada: “luego, como en el último tiempo, sin embargo, la arquitectura italiana sufrió, comparándola con la de otros países europeos, del fracaso italiano de darle a los programas de los edificios una relación con las prioridades sociales. También había una tendencia hacia el alejamiento intencional de la ortodoxia.” (Norwich, 1987: página 242).

Muchos arquitectos creen que una forma geométrica simplificada tiene el poder de mejorar el bienestar social y moral de la población. Ellos creen tan profundamente este precepto que no permitirán cuestionamiento alguno. A los estudiantes de arquitectura a menudo no se les enseña a explorar las hipótesis en las que se basa ninguna teoría del diseño. Tampoco pueden probar sus hipótesis sobre el mundo y diseñar en escala real. Un conjunto de simples creencias, fundadas en una autoridad arquitectónica basada en medios de comunicación, son las que rigen el diseño. Ya que las reacciones del usuario final ni siquiera pueden ser previstas, estas asumen una importancia menor en el diseño contemporáneo. Basada en estrictas leyes geométricas, esta metodología es similar a la ficción religiosa, la cual es juzgada por su propia validez existencial. Una ficción es un principio creado que es justificado simplemente por sus efectos. La sociedad se mantiene unida en base a ese tipo de ficción, la cual intenta contra-restar las realidades humanas del egoísmo, codicia, violencia, etc. Sin embargo es un error pensar que la geometría – y en particular una geometría de la desconexión– pueda proveer tal cohesión.

Un indicador de cuan cerca el fundamentalismo geométrico está del fundamentalismo religioso es como este reacciona a los errores. Los responsables del fundamentalismo geométrico no pueden evitar ver los efectos nefastos que la imposición de este tiene sobre la sociedad humana, en la forma en que las personas son alienadas del ambiente construido y alejadas de sus tradiciones. Sin embargo, la reacción mecánica de los arquitectos es lamentar el “no haber sido suficientemente puros; nuestras falencias arquitectónicas vienen de nuestro alejamiento del camino verdadero”. El adoctrinamiento ha implantado a la creencia fundamentalista central de las formas y superficies geométricas puras como la única dirección posible de pensamiento.

Asalto sobre las culturas tradicionales.

Las naciones industriales occidentales mostraron al mundo una visión arquitectónica de modernidad de post-guerra, que combinaba la prosperidad industrial con una utopía supuestamente racional de arte y ciencia. En algunos casos su influencia fue tan fuerte como para imponer la modernidad por sobre culturas más tradicionales, destruyendo las tradiciones de siglos. Ahora sabemos que esta visión de la modernidad tenía profundas fallas. Como resultado, tenemos que lidiar con una violenta reacción emocional alrededor del mundo. Aun cuando esta reacción es válida, a menudo se transforma en un confundido retorno a formas de tribalismo y fundamentalismo. Nos corresponde a nosotros el rescate y renovación del logro más importante de nuestra civilización: el espíritu de pluralismo y democracia, y las instituciones abiertas y auto-reguladas de la ciencia y el aprendizaje.

El fundamentalismo geométrico es percibido como destructivo por muchos arquitectos y urbanistas humanistas. No siquiera grandes cantidades de teorías de los gurús de la arquitectura pueden ocultar sus implicancias. Estados Unidos, Europa y Japón se identificaron con el estilo Bauhaus después de la segunda guerra mundial, así como lo hicieron muchos otros países en un afán de proyectar una imagen “progresista” al resto del mundo. Su idea de progreso era imitar las formas puras y suaves del parque “Tomorrowland” de Disney World. Rusia eligió sus propios modelos de una arquitectura ampliamente sobre-escalada y des-humanizadora. Las personas en el mundo industrializado que se dieron cuenta de que su patrimonio estaba siendo destruido fueron acalladas por la justificación (errónea) de que estábamos pagando el precio por el progreso tecnológico y la prosperidad económica. La única excepción fue la gente joven – antes de que fuesen atontados por el ambiente construido. Sin embargo las personas en el mundo en desarrollo no aceptan la propaganda oficial: ellos ven que están perdiendo sus antiguos lazos sin obtener ningún beneficio.

De la misma manera en que el fundamentalismo religioso es percibido en occidente como una amenaza a nuestra forma de gobernar democrática, una sociedad abierta y el respeto a los derechos humanos, el fundamentalismo geométrico es percibido por el mundo en desarrollo como una amenaza a la civilización tradicional. Las personas comunes alrededor del mundo no ven al fundamentalismo geométrico como una idea filosófica abstracta – un juego intelectual entre los académicos arquitectónicos y los medios – sino que lo interpretan de acuerdo a sus consecuencias para la sociedad. Las personas lo perciben como un sinónimo de poder económico y militar enorme, de esta manera la arquitectura y el urbanismo contemporáneos son vistos como un ataque industrializado a la trama de sus ciudades, sus redes de conexiones humanas y la ajustada red social que define su forma de vida.

El sistema corporativo de Estados Unidos – y sus extensiones hacia el complejo industrial-comercial global– se ha identificado a si mismo con el fundamentalismo geométrico. No intentamos hacer una crítica a la globalización económica, sino enfocarnos en los efectos visibles de la conexión entre negocios globales y una filosofía de la intolerancia a geometrías más tradicionales. Las personas alrededor del mundo han visto sus tradiciones arquitectónicas y socio-urbanas clasificadas como abstracciones (es decir, practicas no esenciales), y luego dejadas de lado por considerarse primitivas, retrogradas, anticuadas y obstáculos para el progreso. Muchos de aquellos que abrazan el progreso han sido, entonces, adoctrinados en contra de su propia civilización, al mismo tiempo que otros aprenden a odiar a los países que promueven esta filosofía. El ataque no está solamente dirigido a la trama urbana y el entorno construidos, sino que es más grave aún, está dirigido a la trama de la cultura misma.

Las formas de pensamiento que evolucionaron en paralelo con la humanidad, imposibles de separar de la red de interacciones socio-urbanas que definen una cultura en particular, son eliminadas por el fundamentalismo geométrico. Esto es dolorosamente obvio en el caso de la destrucción a gran escala de patrones de viviendas tradicionales, a modo de “renovación urbana”. Los residentes del mundo en desarrollo son separados de sus raíces culturales y forzados a vivir en edificios en altura. Al mismo tiempo, sus gobernantes son seducidos a construir la última rareza arquitectónica (y pagar por ella)  – a menudo pero no siempre esta pertenece al fundamentalismo geométrico- de manera de estar “a la moda” de las naciones industrializadas. Las personas ven formas extrañas impuestas en sus ciudades, a menudo en reemplazo de hitos arquitectónicos muy queridos. El hecho de construir sin ninguna consideración ha profanado lugares de valor cultural y arqueológico incalculable. La educación de occidente ha sido exitosa en poner a la elite gobernante y a sus arquitectos en contra de sus tradiciones artísticas y arquitectónicas autóctonas.

La arquitectura de hoy ha perdido el sentido de responsabilidad. La construcción en países en desarrollo de megalomaniacos y altamente publicitados edificios contemporáneos es celebrada como una victoria por los académicos arquitectónicos. Es mostrada en las relucientes revistas arquitectónicas, donde los sabios comentaristas alaban a sus arquitectos (a menudo un arquitecto de un país industrializado). Los “arquitectos estrella” se regodean después de poner otro símbolo de su omnipotencia en el mundo. La realidad del asunto es bastante más oscuro: para muchos, representa un llamado a las armas en contra de una invasión simbólica sobre la cultura tradicional. Grupos de personas sensibles probablemente sientan esto como una afronta a sus sensibilidades, y se prepararán para pelear contra cosas mucho peores por venir. Los arquitectos, felices en su mundo de sueños, simplemente no tienen idea de las consecuencias de sus acciones sobre personas cuyos valores y creencias están culturalmente conectados a su entorno. No son capaces de ver una expresión de dominio occidental codificada en formas arquitectónicas contemporáneas, y ni siquiera considerarían este efecto como real.

Simplificación geométrica versus conectividad.

La ciencia nos puede iluminar al respecto de lo que está ocurriendo, por medio de algunas visiones críticas que ayudarán a acelerar la inevitable crisis del actual paradigma, y así señalar el camino a uno nuevo y más avanzado. La crisis ciertamente está bastante avanzada, ya que las culturas alrededor del mundo instintivamente comienzan a rechazar el modernismo en todas sus formas. Debido a que las personas no entienden como contrarrestar efectivamente la naturaleza deshumanizadora del fundamentalismo geométrico, tienen reacciones que apuntan en muchas direcciones al azar. Afortunadamente, hay una alternativa a esto, combinar lo mejor de la ciencia con lo mejor del arte tradicional. No tenemos más opción que construir un nuevo tipo de sociedad - una que sea posmoderna, sí, pero que articule nuevos principios “conectivistas”, combinando la sabiduría de la historia y de las culturas tradicionales con los últimos adelantos de la ciencia y las matemáticas.

La idea central de la conectividad – la cual se opone a la sobre-simplificación geométrica - es una rasgo fundamental de la buena estructura y la buena arquitectura. Esto se relaciona a la idea de una red, una estructura de conexión que es lo contrario de simples abstracciones. La conectividad es el resultado de nuevos descubrimientos geométricos en la estructura fractal, procesos iterativos, propiedades emergentes, etc. Las estructuras naturales y biológicas aparecen de las interacciones complejas de muchos elementos en diferentes escalas (ya sea más grandes o más pequeñas). Los organismos, las creaciones inconscientes de los seres humanos, y los grandes logros arquitectónicos del pasado son todos fractales, complejos, e internamente conectados en un nivel increíble (ver capítulos 5 y 6 de este libro).

Tales estructuras exhiben muchas de las propiedades conectivas de las estructuras naturales, las cuales solo recientemente han sido descritas por el análisis matemático. Estas incluyen: la generación iterativa de formas complejas utilizando procesos y patrones basados en reglas simples, la repetición fractal de formas y texturas a distintas escalas pero manteniendo su relación, la variada adaptación de muchos elementos a un patrón biológico complejo, la aparición de un patrón general de coherencia, y la belleza a partir de elementos relativamente autónomos operando en respuesta simple y directa al ambiente.

Los invito a mirar la geometría de los edificios o ciudades analíticamente, como una estructura matemática pura. Las relaciones conectivas, el posible número de caminos entre unidades y la realidad pública definen la “vida” en la estructura construida. Los ambientes vivos – los cuales experimentamos como “vivos” con nuestros sentidos y en un nivel emocional profundo, y en los cuales nos sentimos más “vivos”- exhiben las características estructurales clásicas de una red (Salingaros, 2005). Las superficies conectan directamente con el usuario, y entre ellas por medio de innumerables simetrías y parecidos matemáticos. Los edificios están físicamente conectados en el sentido visual a través de un proceso iterativo que produce intensa variedad con una notablemente limitada paleta de materiales y formas. La estructura completa es ricamente conectiva en muchos niveles de escala.

La diferencia con lo que construimos actualmente es chocante. Las imágenes tienden a ser generadas por una gran abstracción impuesta sobre el sitio- el mayor acto de fundamentalismo geométrico. La geometría exterior de cada edificio es igualmente rígida y absoluta- asemejando a conceptos relativamente simples como la línea, la trama y el plano. Las relaciones de conexión son restringidas fuertemente por las geometrías simples, fundamentales y extrañas que son impuestas. Un resabio del modernismo temprano.

La suposición central del siglo veinte fue la creencia de que la estructura geométricamente simple es más sofisticada y moderna que cualquier cosa construida previamente. Ahora sabemos que la realidad es totalmente opuesta. El prodigio tecnológico no debe ser confundido con el avance cultural. Ahora nos corresponde a nosotros el uso de este conocimiento para crear (o recrear para nuestra época) una arquitectura más conectiva.

En la historia de la teoría de la arquitectura, un texto resalta de forma polémica en su apoyo al fundamentalismo geométrico: el libro de Le Corbusier de 1923 “Hacia una nueva arquitectura”. Aquí es donde la geometría del modernismo estuvo mejor articulada, y donde tuvo su origen el plan para crear dispersión urbana, implementado de forma tan meticulosa en los  años de posguerra. Aquí, en dibujos detallados y apasionados argumentos, están las amplias carreteras, dispersos polígonos de oficinas, torres de concreto como “cajas de zapatos” y edificios de retail con forma de caja, puestos a una gran distancia de la calle.

Hacia una nueva arquitectura es, innegablemente, un hito en la arquitectura y urbanismo del siglo veinte.  Aun cuando este libro es utilizado en casi todas las universidades como un libro de texto sobre teoría de la arquitectura, no proponemos leerlo como un libro serio, sino como un manual de propaganda para destruir la coherencia arquitectónica y urbana. En la misma manera, el libro Mi lucha de Adolf Hitler es ampliamente leído en universidades, no como una referencia racional sobre política y gobierno, sino (sin considerar la reacción negativa que pudiese tener cada uno) como manera de entender como el autor fue capaz de manipular una nación de tal manera que destruyó Europa y llevó a cabo el holocausto.

El Plan Voisin de Le Corbusier (llamado “una ciudad de torres” en su libro), muestra el centro de París destruido y reemplazado con enormes edificios en altura. La imposición de una idea abstracta simple, poderosa y casi autoritaria (torres, notoriamente para abstraer a la persona del ruido, los olores y el polvo) corta las relaciones urbanas, la red de interconexiones que tejen la trama urbana de una ciudad y la hacen parte de la vida humana. Mientras que la intención de limpiar callejones oscuros e insalubres era positiva, estos cambios radicales no habían sido nunca probados. Aun así un enorme experimento fue llevado a cabo sin ningún control (en muchas otras ciudades) en miles de vidas. La geometría monolítica propuesta, cuando fue aplicada, borró una intrincada red conectora y la remplazó por una no-jerarquía muy simple. Haciendo esto, destruyó tanto la complejidad como la vida.  

El antropólogo arquitectónico suizo Nold Egenter, resume de forma correcta nuestro análisis: “¡imagina la ciudad de París hoy en día con el plan de Le Corbusier llevado a cabo!, un desierto mortal. Los turistas no vendrían nunca más a París”. Curiosamente Adolf Hitler, también un maestro de la propaganda con pretensiones arquitectónicas, quiso destruir París en 1944.

Esta gran abstracción (que fomenta la desconexión) es la idea principal del modernismo, y su principal falla. Existe a todo nivel, desde la escala urbana a los edificios, a través de todas las escalas hasta llegar a los ornamentos individuales y el detalle. Bajo este régimen, las relaciones orgánicas complejas de la vida y el mundo son totalmente mutiladas. En 1923 Le Corbusier era un hombre claramente seducido por las ideologías simplistas y totalitarias que estaban enraizándose en ese entonces en la sociedad. Sucumbió ante las geometrías simples y abstractas que vio en la maquinarias reduccionistas que le rodeaban, diciendo: “La estética del ingeniero y la arquitectura son dos cosas que van de la mano y se complementan: una de ellas está a su nivel máximo, la otra en un lamentable y retrogrado estado… El ingeniero, inspirado por la ley de la economía y gobernado por la precisión matemática, nos pone a tono con la ley universal. Él logra la armonía.” (Le Corbusier, 1927: página 11).

Las palabras de Le Corbusier a simple vista parecieran apoyar el punto de vista de este libro; pero lo que propone para la arquitectura y el urbanismo hacen precisamente lo contrario. Siguiendo las tácticas de un gran propagandista, dijo cosas que sonaban posibles e incluso atractivas, con el fin de promocionar una agenda. Una geometría cruda y primitiva lo cautivó: ciertamente ni siquiera tan sofisticada como las matemáticas y las ciencias en el comienzo de la civilización. El confundió la apariencia superficial de las soluciones técnicas con el progreso. El fundamentalismo geométrico no es un avance iluminado, como algunos se imaginaron, sino un apego reaccionario a las abstracciones geométricas puras de Euclides, Pitagoras y los antiguos egípcios: “La arquitectura gótica no está fundamentalmente basada en conos, cilindros y esferas. Solo la nave es una expresión de una forma simple, pero aun así es una geometría compleja de segundo orden (arcos intersectantes). Es por esto que una catedral no es muy bella y que solo buscamos en ella una compensación de tipo subjetivo fuera de las artes plásticas. Una catedral nos interesa como la respuesta ingeniosa a un problema complicado, pero un problema en el cual sus postulados han sido enunciados muy mal, ya que no provienen de las grandes formas primarias” (Le Corbusier, 1927: página 30).

¿Una catedral no es algo bello? ¿Entonces que es bello? Le Corbusier explica: “y así, tenemos los elevadores de cereales e industrias estadounidenses, los magníficos PRIMEROS FRUTOS de la nueva era. LOS INGENIEROS ESTADOUNIDENSES SOBRECOGEN A NUESTRA CADUCA ARQUITECTURA CON SUS CALCULOS” (Le Corbusier, 1927: página 31).

Esta es la gran idea que separa todos los residuos y prepara para la nueva era: la era de la máquina. Por supuesto que estos residuos incluyen a todas las creaciones de la humanidad alrededor del mundo y construidas por milenios. Estos debían ser reemplazados por edificios que imitasen a los elevadores de cereales de Estados unidos. Para nosotros es obvio ahora que las máquinas de 1920, que Le Corbusieradmira e ilustra en su libro, son bastante toscas vistas desde cualquier estándar posterior. Pero Le Corbusier está completamente seducido por ellas, tanto que de hecho las considera superiores a las realidades que toscamente reflejan. Este es un impactante y extremo ejemplo de un fenómeno que Whitehead1 llamó “la falacia de la concreción mal ubicada” – una idolatría a las abstracciones al punto en que uno pierde la conexión con la realidad concreta más rica y compleja que estas representan. La abstracción reemplaza a la realidad.

Es fácil ser capturado por abstracciones tan simples, hechizantes y fuertes como esta. Vamos inteligentemente hacia adelante, dice Le Corbusier, en su programa para imponer estas abstracciones simples en el mundo a una escala masiva. Su propuesta para París no muestra piedad con los sutiles matices y complejidades de la vida humana, solo desprecio. De acuerdo a su pensamiento, las ciudades debiesen ser arrasadas con una aplanadora y reconstruidas nuevamente –esta vez con “bloques de juguete” gigantes a una escala tremenda y totalitaria. Le Corbusier fue un maestro en mostrar abstracciones totalmente toscas que ignoraban las relaciones sutiles y más profundas. Obsesionado y seducido por sus propias abstracciones, él no lograba ver, o bien deliberadamente ignoraba, la riqueza y sutileza de los edificios tradicionales, la clase de relaciones orgánicas sutiles que su arquitectura mecánica y cristalina nunca podría crear.

En retrospectiva, es impresionante el grado en que el programa de Le Corbusier fue tan exitosamente implementado en una escala global. ¿Cómo ocurrió esto? ¿Quién fue Le Corbusier? Charles Edouard Jeanneret Gris era un arquitecto suizo desconocido trabajando en París, que se ganaba la vida principalmente vendiendo publicidad en su periódico “El espíritu nuevo”, donde publicó todo lo que quiso, y luego recopiló estos artículos sin referencia en sus libros. Después de que adoptó el seudónimo deLe Corbusier la gente comenzó a prestar más atención a sus ideas arquitectónicas y urbanas. Él estuvo ahí en el preciso momento en que el mundo occidental necesitaba desesperadamente un “nuevo mundo”, una utopía. Sus ideas fueron serviles al brutal  nuevo industrialismo. Le Corbusier y los demás pioneros modernos estuvieron felices de apoyar al fervor revolucionario de aquellos tiempos, incentivándolo a barrer con todo vestigio del pasado.

[1] Alfred North Whitehead (1861-1947) fue un filósofo y matemático inglés creador de la llamada “filosofía del proceso”. Postulaba que la realidad es un proceso construido por acontecimientos en vez de sustancias, de manera que no podríamos definir estos fuera de sus relaciones con otros eventos.